Sueños y reflexiones en cinemascope

Rocco y Nadia en el duomo de Milan

Rocco e i suoi fratelli

Rocco y sus hermanos (Luchino Visconti,1960)

Rocco Parondi: Ganar fue fácil, Ciro, porque no estaba luchando contra él, estaba luchando contra alguien que despertaba odio en mí, ese odio que ha estado acechando en mi interior sin que yo lo supiera. Es una sensación horrible. No te imaginas lo horrible que es.

No me gusta la debilidad de carácter disfrazada de bondad de Rocco Parondi. Otro Nazarín. Otro ser atado a una supuesta lealtad familiar cuando es testigo de la humillación y violencia atroz de su hermano Simone contra su pareja, Nadia. Todo por el miserable orgullo del bruto Simone, capaz de hacer lo injustificable por salvar su honor ante las comadrejas de sus amigos. Hundiendo con él la fraternidad de sus hermanos y el cariño de su madre, la dolorosa Rosario.

Rocco es un inesperado ganador en el ring pero un perdedor fuera de él, atrapado en su cobardía y rechazando a una herida Nadia en una mítica secuencia en el Duomo de Milán. «Me ayudaste a comprender que la vida que llevaba era horrible. Aprendí a quererte. Y ahora, por culpa de la brutalidad de un canalla, que me humilló delante de ti para ponernos a su nivel, de repente nada es igual. Lo que era bello y correcto se ha convertido en incorrecto», dice Nadia, al borde de la desesperación ante el rechazo de Rocco.

El clan se instala sin avisar en casa de su hijo mayor, Vicenzo, cabal e inteligente, que sabe ingeniárselas para librarse del yugo de una familia que huye de la miseria del sur de Italia para probar fortuna en la próspera Milán. Cada hermano afrontará de diferente manera las vicisitudes que encuentran en la gran ciudad, con la esperanza de volver algún día a su tierra de origen. Quizás el pequeño, Luca, tenga esa posibilidad, aunque encuentre todo cambiado. Todos habrán perdido la inocencia en la ciudad.

Por suerte, Ciro será capaz de ver las cosas con sensatez, aunque duela, señalando sin reparo pero con justicia las tropelías dañinas de su hermano Simone. Es el único de los cuatro que llegaron del sur capaz de tener una relación sentimental sana y una carrera laboral próspera, aunque sea una fábrica de Alfa Romeo. Es testigo de esa transformación de la familia Parondi, de la alegría y naturalidad del principio de la película a la amargura del final.

Rocco, has tenido la posibilidad de crear un mundo nuevo a través de tu bondad y te quedaste en un hombre que lucha contra sus propias sombras. Un santo incapaz de defenderse. Un hombre incapaz de creer en la justicia de este mundo y que, por lo tanto no juzga a su hermano, escorpión que llenará de veneno su mano cuando se la tienda.

Rocco Parondi: Me gustaría brindar por el día, que aún está lejos, en el que pueda volver a casa. Y si yo no puedo, espero que alguno de nosotros pueda regresar a nuestra tierra. Quizás tú, Luca.
Luca Parondi: Yo volvería contigo.
Rocco Parondi: Recuerda, Luca, la nuestra es la tierra de los olivos, de la luna enferma y de los arcoíris. ¿Te acuerdas, Vincenzo? Antes de empezar a construir, el capataz lanza un ladrillo a la sombra de la primera persona que pasa por allí.
Luca Parondi: ¿Por qué?
Rocco Parondi: Como muestra de sacrificio, para que la casa se construya de forma sólida.


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