Breakdance (Joel Silberg, 1984)
A mediados de los años ochenta el breakdance era algo más que una frikada de unos americanitos, como nos llamaban a mi colega Antonio y a mí en el pueblo gallego donde íbamos a veranear cuando nos subíamos a nuestras tablas de skate. «Aí van os americanos! Me cago en cribas», decían los lugareños. José Antonio Abellán presentaba la sección/concurso A Todo Break en el programa Tocata, allá por 1986, y yo flipaba con cada actuación. Joder, quería ser como uno de esos B-Boys, moverme con la misma agilidad y coordinación electrificada. Sonaban de fondo gente como Afrika Bambaata o el Street Dance de Break Machine, el mismo tema con el que te taladraban en los coches de coche de las ferias. Venían chicos de toda España a participar, en solitario o en grupos como los míticos Madrid City Breakers. Se les podía ver en los bajos de AZCA o en la plaza de Colón, con sus radiocasettes y toda la parafernalia de los breakers de la época.
Cómo no, la industria del cine se hizo pronto con varios productos (y subproductos) para ese público ávido de nuevas tendencias culturales urbanas. Las películas no eran de un argumento o estética muy vanguardista que digamos pero cumplían con creces las necesidades de un público que, por fin, tenía unas pocas referencias en pastiches donde se mezclaban baile (60%), conflictos de juventud (30%) y rebeldía naif (10%). Las coreografías estaban bien trabajadas por actores que, en realidad, eran auténticos artistas del breakdance, aunque en ocasiones se tuvieran que enfrentar a situaciones surrealistas como «peleas» en los túneles de metro con bandas rivales bailando, y no a navajazos como mandaban los cánones de entonces.
Wild Style (Charlie Ahearn, 1983) fue la primera película sobre Hip hop y la más importante aportación a este género breaker. Luego vinieron unas cuantas más, donde Beat Street (Stan Lathan, 1984) tenía una estética y una autenticidad mucho mayor que Breakin’ (a pesar de los graffiti de pega), pero fue esta producción de la Canon la que acabó triunfando en taquilla (con secuela incluida, traducida en España como Electric Boogaloo, cuyo spot promocional salía en la tele con la voz de Joaquín Luqui. NYC perdió ante la luz y el color de los chicos y chicas de Los Ángeles. Ozone y Turbo, rescatando a la inocente Special K de las garras de su amargado profesor de ballet clásico, Franco (ojo), que desaprueba sus nuevas amistades y este baile tan alejado de lo académico y formal. El mundo de los mayores vs nosotros los jóvenes, one more time. Si bien el programa de Abellán me sigue pareciendo moderno (dentro de las limitaciones técnicas de televisión ochentera), productos como Breakin’ saca mi vena más condescendiente ante lo que en su momento fue un auténtico fenómeno de masas. Tengo curiosidad por cómo vería esta película un centennial de ahora.
